Debería estar regulado

ES COMPRENSIBLE que muchos católicos se sientan ofendidos y escandalizados por las declaraciones del presidente de Estados Unidos sobre León , aunque ciertamente no se puede decir que Jorge Bergoglio durante su "reinado" haya ahorrado ataques y provocaciones contra Donald Trump. La intervención de este último se da también en un contexto frente a las declaraciones orquestadas en su contra en el programa de propaganda "60 Minutes" de la CBS , por parte de tres cardenales muy corruptos: Cupich, McElroy y Tobin; tres purpurados notoriamente ultra-bergoglianos y ultra-progresistas, pertenecientes a la cadena del abusador serial Theodore McCarrick, estrechamente vinculados a la Izquierda radical woke, grandes electores de Robert Prevost y sus colaboradores más cercanos. Preguntado por los periodistas sobre la publicación de Donald Trump, León respondió: "No tengo miedo de la administración Trump ni de proclamar con fuerza el mensaje del Evangelio, que es lo que creo que estoy llamado a hacer, lo que la Iglesia está llamada a hacer" . Pero estas palabras, aparentemente indiscutibles en los labios de Prevost, pueden cambiar notablemente su significado, dependiendo de cómo se las interpreten. Pueden simplemente significar: "No temo al poder civil", indicando la superioridad de la autoridad espiritual de la Iglesia Católica sobre toda autoridad terrenal; o, en un sentido diametralmente opuesto, "No temo a esta administración", mientras que en otros casos considera legítimo tener miedo y abstenerse de "proclamar con fuerza el mensaje del Evangelio". E inmediatamente vienen a la mente todas esas veces que hemos visto al Vaticano "temer" a otras administraciones, tanto en Washington —especialmente cuando la interferencia de Hillary Clinton y John Podesta llegaron al punto de bloquear las transacciones bancarias del circuito SWIFT en el Vaticano— como en Pekín, donde la Santa Sede se ha comprometido oficialmente con la dictadura comunista, mediante un Acuerdo secreto, para  no "proclamar con fuerza el mensaje del Evangelio", ratificando al final de la lista los nombramientos episcopales de la Asociación Patriótica China, sin que esto —a diferencia de las Consagraciones de Ecône — fuera considerado un acto cismático. En otros casos numerosos, Provost y Bergoglio antes que él consideraron oportuno guardar silencio por iniciativa propia, quizás porque su aquiescencia —cuando no directamente su cooperación entusiasta— era lo que el Poder esperaba de la Iglesia conciliar y sinodal. De hecho, tan pronto como la Administración Trump cortó la avalancha de dinero que USAID pagaba a la USCCB y a los distintos organismos de la Iglesia Católica estadounidense para favorecer la inmigración, comenzó la guerra abierta de todos esos cardenales y obispos que Clinton, Obama y Biden habían cubierto hasta ese momento con dinero. En aquellos años de vacas gordas, Bergoglio y todo el episcopado estadounidense tuvieron cuidado de no romper el idilio con la Casa Blanca —gracias también a los buenos oficios del entonces cardenal McCarrick— y poco importaban las políticas abortistas y las leyes LGBTQ+ y de género promovidas por los demócratas "católicos". La mera idea de poder excomulgar a políticos "pro-elección" se consideraba una injerencia intolerable de la Jerarquía que ella misma ha dejado claro que no tiene intención de adoptar.Así es como se puede compartir una frase sacada de contexto –"No le tengo miedo a la administración Trump ni a proclamar el mensaje del Evangelio con fuerza" pero que, leída en un marco más amplio y coherente, deja a uno atónito, porque desautoriza las palabras que León pronunció en esa misma ocasión: "No somos políticos. No creo que el mensaje del Evangelio deba ser instrumentalizado, como hacen algunos". Y si indudablemente hay quienes instrumentalizan "el mensaje del Evangelio" con delirios pseudo mesiánicos típicos de los televangelistas de ultramar, ciertamente hay quienes al otro lado del Tíber no dudan en instrumentalizar ese mismo Evangelio para dar apariencia de legitimidad y moralidad al plan de reemplazo étnico e islamización de Occidente llevado a cabo obstinadamente por la élite globalista con la Agenda 2030. Una agenda que a Trump no le gusta nada; mientras que la Santa Sede, León, la USCCB y todas las organizaciones benéficas pseudo católicas la han erigido como el nuevo tótem globalista del propio programa sinodal. No olvidemos la ratificación doctrinal que Bergoglio concedió a la farsa pandémica y a la vacunación masiva, al igual que al fraude climático y a los objetivos sostenibles con la seudo encíclica Laudato si', y la bendición que Prevost impartió a un bloque de hielo especialmente traído de la Antártida, durante una vergonzosa ceremonia en Castel Gandolfo. A pesar de insistir diciendo que no es político, León no tuvo reparos en recibir en una audiencia privada el 9 de abril a David Axelrod, el principal estratega de Barack Obama y su antiguo asesor principal en la Casa Blanca. Una pregunta es más que legítima: ¿acaso Axelrod acudió quizás al Vaticano para dictar una estrategia política precisa a León, como ya ocurrió con las interferencias de Hillary Clinton y John Podesta para presionar a Benedicto XVI a dimitir y favorecer la elección de Bergoglio?La paradoja es puesta en evidencia por el propio Trump: "León debería autorregularse en su rol de Papa, usar el sentido común, dejar de adular a la Izquierda radical y concentrarse en ser un gran Papa, en lugar de un político. Este comportamiento le está causando daños muy graves y, aún más importante, ¡está dañando a la Iglesia Católica!”. Lo cual es absolutamente cierto, más de lo que el presidente Trump pueda imaginar...Si la Administración Demócrata ha interferido repetidamente en forma indebida en el gobierno de la Iglesia de Roma, no se puede decir que tampoco hayan faltado intervenciones inoportunas por parte del Vaticano respecto a Washington. Y si las invectivas del jesuita de Buenos Aires contra Trump, definido como "no cristiano" porque declaró que quería repatriar a las hordas de inmigrantes ilegales, ciertamente han desconcertado las declaraciones del agustino de Chicago sobre la inmigración, y más recientemente también sobre la guerra: "Dios no bendice ningún conflicto. Los discípulos de Cristo, el Príncipe de la Paz, nunca están del lado de quienes ayer tomaron la espada y hoy lanzan bombas" , dijo León. Por supuesto, él podría haber fundamentado, como hizo Benedicto XVI: "Dadas las nuevas armas que hacen posible una destrucción que va mucho más allá de los grupos de combatientes, hoy debemos preguntarnos si todavía es lícito admitir la existencia misma de una guerra justa" . O, mejor aún, León podría haber recordado las palabras de Pío XII: "Un pueblo amenazado o ya víctima de una agresión injusta, si quiere pensar en actuar de manera cristiana no puede permanecer en una indiferencia pasiva; mucho más la solidaridad de la familia de los pueblos prohíbe que otros se comporten como meros espectadores en una actitud de neutralidad impasible" . Pero Prevost —y aquí es donde radica el verdadero problema— no habla con la voz de la Iglesia: sus palabras de condena a cualquier guerra acaban legitimando también las guerras injustas, privando a los atacados del derecho a defenderse, desde el momento que también serían injustas las defensivas. Este error es similar a afirmar que todas las religiones son equivalentes; que los preceptos de la Moral deben adaptarse a circunstancias contingentes (véase Amoris Laetitia y Fiducia Supplicans); o que la pena capital es contraria al Evangelio. Porque incluso en estos casos, quien debería ser un punto de referencia para discernir el Bien del Mal traiciona su mandato al reconocer los mismos derechos al error y a la Verdad, en lugar de asumir la responsabilidad moral de condenar a uno y defender a la otra.Por supuesto, si León alguna vez se atreviera a hablar con la voz reconocida de la Iglesia católica, se encontraría no solo en contra de la Izquierda pacifista (en la que Prevost ha militado desde los años 80 , al adherir al movimiento de los Jóvenes Agustinos , o Agustinos por la Paz patrocinados por el Partido Comunista Italiano), sino también contra la Derecha teocon en la que no pocos conservadores católicos están peligrosamente cercanos. La tolerancia que disfruta temporalmente la Jerarquía conciliar está en realidad condicionada a su aceptación y promoción no sólo de la agenda globalista de la ONU, del Foro Económico Mundial de Davos, del Consejo para el Capitalismo Inclusivo con el Vaticano fundado por Bergoglio con Lynn Forester de Rothschild, sino también por la agenda liberal del lobby anglo-sionista. Es decir, por dos potencias supranacionales que actúan en frentes aparentemente opuestos pero por un objetivo común: la instauración de un Nuevo Orden Mundial, que dependiendo de quién prevalezca en el enfrentamiento, en cualquier caso solo verá perseguido al Catolicismo, y al Catolicismo tradicional que Roma intenta en todo lo posible destruir o fagocitar "conciliarizándolo" y "sinodalizándolo".Según el recordatorio de Trump, "León debería regularse en su rol como Papa y concentrarse en ser un gran Papa, en lugar de un político". Porque la elección de un "Papa" estadounidense de Chicago, impregnado de doctrinas heréticas adquiridas durante los años de ministerio en América Latina, dedicado al culto a la Pachamama e ideológicamente afín —según él mismo admitió— al peor progresismo de los notorios cardenales Bernardin y Cupich, parece haber sido planificada a propósito para constituir un contrapunto al presidente de Estados Unidos. Si su rol debía ser —como de hecho hemos visto en los últimos meses— el de continuador de la revolución conciliar y sinodal, no es de extrañar que Bergoglio preparara meticulosamente su ascenso eclesiástico de tal manera que le sucediera y no anulara los doce años de demolición sistemática del edificio católico y de total sumisión a la cúpula globalista por parte del jesuita argentino. El silencio de la pequeña minoría moderadamente conservadora del Colegio de Cardenales ante las demostraciones concretas de esta continuidad entre Bergoglio y Prevost confirma su complicidad e insuficiencia.El coro unánime de los medios de comunicación convencionales y de los neo papistas constituye prueba de que León no habla como Papa, sino como abanderado del anti-trumpismo, por así decirlo. Porque el elogio proviene de personajes —dentro y fuera del cuerpo eclesial— que no tienen nada católico, y que serían los primeros en crucificar a Prevost si tan sólo se atreviera a expresar algunas dudas sobre los "dogmas" intocables de la Izquierda radical. Y porque esta defensa de Prevost está motivada precisamente por el hecho de que el "Papa" ha elegido ser político, demostrando un partidismo que desacredita al Papado y a la Iglesia Católica ante el mundo. Por esta razón, León debería realmente "autorregularse en su rol de Papa": esto es muy difícil para quienes como él fueron elegidos precisamente porque su apoyo a la agenda globalista no habría sido forzado, sino espontáneo y convencido; y porque para vigilar a León están los emisarios de esos Poderes que no tienen ninguna intención de abandonar las posiciones alcanzadas dentro de la Iglesia Católica, a muy poca distancia de la meta.Cuando Nuestro Señor Jesucristo es reconocido como Rey de las Naciones, ningún Anticristo podría atreverse a reclamar el título de Mesías. Y cuando Él es reconocido como Rey y Pontífice en el seno de la Iglesia, ningún vicario suyo se atrevería a subvertir Su enseñanza y demoler Su Iglesia. Si esto está ocurriendo hoy, ante nuestros ojos, es porque nos encontramos en tiempos escatológicos, en los que Nuestro Señor ha sido destronado en Su divina Realeza de las Naciones y en Su Sacerdocio eterno por Sus propios ministros. Al juzgar entonces los acontecimientos presentes, no nos dejemos seducir por especulaciones abstractas y no intentemos modificar la realidad para sostener nuestras ilusiones. Miremos todo lo que ocurre con una mirada sobrenatural, porque es la única manera de preservar en las tribulaciones presentes esa paz del alma que el mundo no conoce y no puede dar (Jn 14, 27). + Carlo Maria Viganò, Arzobispoex Nuncio Apostólico en Estados Unidos de América

Viterbo, 17 de abril de MMXXVIS.cti Aniceti Papæ et Martyris

 
NOTAS
: - Véase, entre otros, https://truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/116394704213456431 : - Véase https://www.cbsnews.com/news/catholic-conversions-rising-inside-the-catholic-churchs-quiet-revival-60-minutes/ : - Véase https://www.rainews.it/video/2026/04/il-papa-non-sono-un-politico-il-mio-messaggio-e-il-vangelo-smettiamola-con-le-guerre-b786b48e-2cf5-4d17-8b73-2ab093d1259d.html :  - Véase https://www.vaticannews.va/it/papa/news/2026-04/papa-leone-xiv-sinodo-chiesa-baghdad-caldei-medio-oriente-pace.html : - Así lo afirmó Joseph Ratzinger en 2002.: - Pio XII, Mensaje radiofónico navideño, 24 de diciembre de 1948.: - Véase https://x.com/antoniosocci1/status/2044478728311320768 : - No pasará desapercibida la asonancia con el movimiento de los Jóvenes Turcos, de clara (aunque quizá involuntaria) inspiración masónica.

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