Hæc omnia tibi dabo
<p style="text-align: right;"><span><i>Así que por sus frutos los conoceréis.</i></span></p><p style="text-align: right;"><span>Mt 7, 20</span></p> <p><span><b><i>Premisa</i></b></span></p><p><span>La crisis en la Iglesia es de naturaleza <i>teológica</i>, no canónica. No sólo eso: ésta no es <i>una </i>crisis entre muchas, sino <i>la </i>crisis de la Autoridad, porque es precisamente la Autoridad la que es objeto de una subversión que hasta hace sesenta años ni siquiera era imaginable en el seno de la Iglesia Católica. Si, en efecto, la autoridad, cuando se ejerce para el bien, es ciertamente el instrumento más adecuado para asegurar el buen gobierno de la institución que preside, así también puede transformarse en un instrumento igualmente eficaz para destruirla, en el momento en que quienes la ostentan rompen su vínculo de obediencia a Dios, que es el garante supremo de la autoridad.</span></p><p><span>Esto es lo que hicieron los jacobinos en 1789, esto es lo que repitieron los proponentes de la <i>revolución conciliar</i> en 1965: apropiarse ilegítimamente de la Autoridad para obligar a sus súbditos a aceptar obedecer órdenes inicuas, dirigidas a un plan subversivo. Y tanto los jacobinos como los modernistas se sirvieron no sólo de la colaboración activa de sus cómplices y de la inacción de los cobardes, sino también del consentimiento de aquellos que obedecieron de buena fe y por una masa progresivamente inducida a aceptar cualquier cambio en nombre de la obediencia .</span></p><p><span><b><i>La idealización de la Autoridad</i></b></span></p><p><span>En las últimas semanas, "conservadores" como Riccardo Cascioli, Luisella Scrosati, Daniele Trabucco y Giovanni Zanone han argumentado que los laicos y los clérigos, frente a la crisis de la Jerarquía católica, no deberían adoptar formas de resistencia contra los malos Superiores; ni deberán cuestionar su Autoridad, ya que emana directamente de Nuestro Señor. Afirman que la indignidad de un obispo o del Papa no invalida la legitimidad de su autoridad, pero esto puede ser cierto en el caso de una indignidad personal que no implique el ejercicio de la autoridad en sí. Sin embargo, la autoridad no puede ejercerse legítimamente más allá de los límites que le han sido dados, y mucho menos contra sus propios fines o contra la voluntad del divino Legislador. Un obispo que coopera conscientemente con un propósito inicuo con actos de gobierno invalida la legitimidad de esos actos y su misma autoridad, precisamente porque están <i>colocados en fraudem legis</i>. </span></p><p><span>La visión idealista y desconectada de la realidad de los autores citados, según la cual la Autoridad no perdería su legitimidad ni siquiera cuando sus órdenes están dirigidas al mal, hace evidente el lógico cortocircuito entre la <i>realidad</i> de los Papas y obispos herejes -formales o materiales, no importa: en todo caso es algo inaudito- y la <i>teoría</i> de una Autoridad inmune a la herejía y a las malas intenciones de quienes ostentan esa Autoridad.</span></p><p><span><b><i>Una crisis sistémica</i></b></span></p><p><span>Aquéllos que persisten en juzgar los hechos individuales independientemente de la evidente coherencia que los une y la imagen general que emerge de ellos, falsifican la realidad dándole una representación engañosa. Esta es una crisis que ha durado sesenta años, siempre en la misma dirección, siempre con la connivencia de la Autoridad, siempre contradiciendo los mismos artículos de la Fe y apoyando los mismos errores ya condenados. Los responsables de esta crisis están todos unidos por el deseo subversivo de apropiarse y mantener el poder para lograr los objetivos que se proponen. Y como prueba de que <i>el Estado profundo </i>y <i>la Iglesia profunda </i>actúan en forma concertada, basta ver cómo los arquitectos de esta subversión en el campo eclesiástico actúan en forma espejo de sus homólogos en la esfera civil, llegando incluso a tomar prestado su léxico y las técnicas de manipulación de masas. La evidencia de los desastrosos resultados obtenidos por los Papas y los obispos conciliares no los ha llevado a volver sobre sus pasos y reparar el daño causado, sino que, por el contrario, los vemos continuar obstinadamente en la misma línea, confirmando la malicia y la premeditación, es decir, la <i>mens rea</i>. </span></p><p><span>Nos encontramos en una situación de gravísimo conflicto institucional, de la que emerge que la mayoría de los obispos constituidos en autoridad -sin lugar a dudas- actúan con la intención decidida y voluntaria de cometer actos ilícitos <i>contra el bien de la Iglesia y de las almas</i>, conscientes de sus consecuencias. Si no hubiera en ellos la intención de hacer el mal, es decir, si fueran de buena fe, no persistirían en repetir los mismos errores, buscando los mismos resultados. Tampoco tratarían de inducir con todos los medios a los fieles y sacerdotes a negar lo que la Santa Iglesia ha enseñado durante siglos, haciéndoles abrazar lo que ella condenó y castigó con las penas más severas.</span></p><p><span><b><i>La aceptación del fraude</i></b></span></p><p><span>Tenemos, pues, una Jerarquía compuesta por obispos y Papas traidores que pretenden de sus fieles no sólo el silencio inerte ante los peores escándalos de sus miembros, sino también la aceptación entusiasta y el compartir de esta traición, según ese principio esotérico que el satanista Aleyster Crowley había resumido así a principios del siglo XX: “<i>El mal debe esconderse de la luz del día, ya que las reglas del universo dictan que aquéllos que son engañados consienten en su engaño</i>”. Este es el <i>modus operandi </i>del demonio y de sus siervos, que encontramos confirmado por la narración de las tentaciones a las que Satanás somete a Nuestro Señor en el desierto: <i>«Todo esto te daré</i>», dice el Maligno a Cristo<i>, «si te postras y me adoras» </i>(Mt 4, 9). Al pretender ser adorado como Dios, Satanás primero pide la aceptación del fraude, es decir, de la premisa –<i>Todo esto te daré</i>– lo cual es absolutamente falso, ya que Satanás no puede renunciar a lo que no le pertenece. </span></p><p><span>Si, absurdamente, Nuestro Señor se hubiera postrado ante Satanás y lo hubiera adorado, no habría recibido de él ni siquiera un grano de polvo del desierto, y este trueque habría resultado ser un fraude. Por eso, el Señor le responde: «<i>¡Vete, Satanás! Porque está escrito: "Adorarás al Señor tu Dios, y solo a él le rendirás culto"</i> (ib., 10). Con estas palabras Nuestro Señor revela la identidad del tentador y sus engaños. También en el Edén, tentando a Eva, la Serpiente había propuesto a los ´primeros padres que se convirtieran en <i>sicut dii </i>(Gn 3, 5). Ellos sabían muy bien que Satanás no estaba en condiciones de <i>convertirlos</i> en <i>dioses</i> y que tendrían que responder ante Dios por su orgullosa desobediencia, pero a pesar de esto permitieron que la mentira del Maligno <i>fuera </i>cierta, haciéndose responsables de la subversión del Bien y del Mal y actuando <i>como si </i>Dios no fuera omnipotente y capaz de castigarlos. Esto, en definitiva, es la </span><span>ὕβρις</span><span>, el orgullo que empuja al hombre a desafiar a Dios eligiendo cometer pecado, que tiene como consecuencia la νέμεσις, es decir, el castigo inevitable que golpea a aquellos que han violado el orden divino al exceder los límites impuestos por Dios.</span></p><p><span><b><i>La "Revelación del Método"</i></b></span></p><p><span>El historiador y experto en ingeniería social Michael A. Hoffman ha afrontado el mismo tema desde una perspectiva diferente, identificando una élite oculta que utiliza técnicas de manipulación para controlar a las masas. No solo quiere conquistar el poder, sino que pretende librar una guerra psicológica que transforme la realidad en un ritual mágico, alquímico (y en esto coincide con las palabras de Crowley). Esta élite ya no lo oculta todo, sino que revela deliberadamente partes de su plan (de ahí la <i>Revelación del Método</i>), como un acto de humillación de sus súbditos y de afirmación de su supremacía. Los estudios de psicología social confirman que este cruel juego de subyugar y dominar a las víctimas sirve para provocar la <i>disonancia cognitiva</i>, es decir, el estado de malestar psicológico que se verifica cuando nos encontramos a dos afirmaciones o hechos contradictorios, como por ejemplo, ocurrió cuando las autoridades sanitarias afirmaron, mintiendo, que el suero genético experimental era "<i>seguro y eficaz</i>» pero al mismo tiempo pidieron el escudo penal para los médicos inoculadores; o cuando escuchamos a Jorge Bergoglio decir que "<i>Dios no es católico</i>". Esta disonancia cognitiva, esta percepción de una <i>contradictio in terminis </i>es deliberada, porque nos desmoraliza (somos conscientes de nuestra impotencia), porque nos induce a un consentimiento implícito (un consentimiento pasivo, como diciendo: "<i>Te mostraré lo que estoy haciendo, y tú no haces nada, así que asiente</i>") y finalmente porque nos lleva a la aceptación de un poder despótico (aunque se burle de las masas, reforzando el control psicológico sobre nosotros). </span></p><p><span><b><i>La "disonancia cognitiva" y el "gaslighting" de los conservadores</i></b></span></p><p><span>No debe sorprendernos, por lo tanto, si estas técnicas de manipulación masiva se utilizan también en la esfera eclesiástica, para provocar la misma <i>disonancia cognitiva</i> en los fieles, la misma desmoralización, el mismo consentimiento extorsionado, la misma aceptación de la autoridad que hace alarde de contradicción, sino que exige obediencia. Pensemos en la paradoja de León que declara la libertad religiosa un derecho humano sobre la base del Vaticano II y al mismo tiempo canoniza al beato Bartolo Longo, que en sus escritos condena el indiferentismo religioso y el concepto de libertad religiosa ; o que preside los encuentros ecuménicos con los musulmanes, pero canoniza al beato Ignacio Choukrallah Maloyan, obispo armenio martirizado por los musulmanes por negarse a apostatar de la verdadera fe.</span></p><p><span>Tampoco debería sorprendernos que la <i>Nueva Brújula </i>se comporte exactamente como lo predicen en estos casos los manuales de psicología social, negando obstinadamente la contradicción, aunque evidente, en una verdadera operación de <i>gaslighting<span> </span></i>: "<i>Lo que viste nunca sucedió</i>". El uso de videos o imágenes generadas por la IA también se convierte en una herramienta de desestabilización, porque contribuyen a erosionar la base sensible del conocimiento de la realidad, haciendo imposible distinguir lo verdadero de lo falso y, de hecho, borrando la noción misma de "real" al reemplazarla por lo "verosímil". La apariencia ocupa así el lugar de la sustancia, sólo porque al ser transmitida por la imagen que aparece en el teléfono móvil o en la computadora no sabemos si lo que nos parece cierto lo es cierto o sólo lo parece. ¿Cómo no ver en este nuevo fenómeno un ataque con el que Satanás desafía con sus artificios teatrales y efectos especiales la verdad de Dios que es <i>simple,</i> sin pliegues?</span></p><p><span>Se trata de pruebas masivas para probar la <i>devoción </i>a la <i>religión sinodal</i>, al igual que ocurre en el ámbito civil con la <i>religión de la salud </i>o la<i> religión verde</i>. Y no es diferente pedir a los fieles que acepten la Misa protestantizada de Pablo VI si quieren tener permiso para asistir a la Misa Tridentina, que es la <i>antítesis del Novus Ordo</i>. Incluso la "excomunión" que Jorge Bergoglio me infligió revela una enorme contradicción: por un lado, fui declarado cismático por denunciar los mismos errores que todos los Papas hasta Pío XII han condenado; por otro lado, los verdaderos herejes y cismáticos son admitidos a la <i>communicatio in sacris </i>con aquéllos que me condenan, sin ninguna consecuencia canónica. El mensaje es claro: "<i>Podemos mostrarte la contradicción entre nuestras palabras y nuestras acciones, y no harás nada. Aceptarás tanto la mentira como la prueba de ella</i>".</span></p><p><span>Todo absurdo aceptado debilita la capacidad de discernimiento de los fieles y del clero, para poder obedecer responsablemente a sus pastores. Si nuestra fe no es fuerte y convencida, esto nos lleva a una forma de apatía hacia cada nueva provocación. Es una forma de humillación ritual que ya no funciona a través del <i>secreto</i>, sino a través de la <i>ostentación flagrante</i>, especialmente cuando se requiere la obediencia a la Autoridad que da órdenes abusivas e incluso criminales como sacrificio <i>de la propia racionalidad</i>, como una inmolación de la voluntad <i>a través de un concepto pervertido de autoridad y de obediencia</i>. Si la Autoridad de la Jerarquía, hasta en sus más altos niveles, es responsable de esta manipulación psicológica de los fieles destinada a perpetuar su propio poder para demoler la Iglesia, ¿a quién deberían acudir los sacerdotes y los laicos para ver condenados a los culpables de tal traición? ¿A esos mismos herejes manipuladores, atrincherados en Roma y en todos los órganos e instituciones de la Iglesia Católica? No es de extrañar que se pierdan demasiadas vocaciones sacerdotales y que muchos fieles se resignen o abandonen la práctica religiosa. Es el resultado deseado y planificado de este cruel goteo.</span></p><p><span><b><i>El "golpe maestro" de Satanás</i></b></span></p><p><span>El diablo quiere obtener nuestra adhesión al mal no mediante el engaño, sino llevándonos a aceptar la <i>mentira</i> con la que define el mal como bien, y a aceptar la <i>ficción</i> por la que nos presenta el bien como un mal. El <i>golpe maestro de Satanás </i>consiste en esto: en obtener de nosotros un asentimiento irracional, incluso frente a la evidencia de fraude y subversión que reconocemos como tales pero que, en un acto de aniquilación suicida insana, aceptamos como si fueran verdades divinamente reveladas. Para el católico, la fe nunca es irracional: <i>rationabile sit obsequium vestrum</i>, dice San Pablo (Rom 12, 1), porque Dios es el autor de la Fe y de la razón, y no puede haber contradicción en la verdad. Satanás, por el contrario, al ser <i>mentiroso y padre de la mentira</i> (Jn 8, 44), no puede no disimular sus engaños mediante el fraude, para lo cual pretende de nosotros <i>no</i> una<i> adhesión racional</i>, sino un <i>consentimiento supersticioso</i>, un acto de <i>fe por el contrario</i>, en el que el asentimiento del intelecto a los errores y herejías evidentes no está motivado por la autoridad de un Dios verdadero, sino por la usurpación de esa autoridad por parte de una criatura rebelde y mentirosa que sabemos que quiere engañarnos y perdernos. Satanás quiere que abdiquemos de la razón y del <i>sensus fidei</i> mismo, transformando el acto de fe en una apostasía loca.</span></p><p><span><b><i>La absolutización de la obediencia</i></b></span></p><p><span>Absolutizar la obediencia, desvinculándola de la necesaria coherencia que presupone entre todos los sujetos del cuerpo jerárquico en el que se ejerce, significa entregar en manos de la autoridad <i>vicaria</i> de la Jerarquía un poder que el legislador supremo <i>nunca le ha concedido</i>, es decir, la facultad de poder legislar legítimamente contra la voluntad del Legislador mismo y en perjuicio de los fieles. Aquí no estamos hablando de órdenes incidentalmente equivocadas u obispos individuales que abusan de su autoridad en un contexto eclesial donde se fomenta la virtud y se condena y castiga el pecado. Aquí estamos hablando de <i>todo un sistema jerárquico</i> que ha logrado -tanto en la Iglesia Católica como en los asuntos públicos- apoderarse del poder, obteniendo el reconocimiento y la obediencia de sus subordinados mediante el uso de medios coercitivos.</span></p><p><span>No solamente eso: la absolutización de la obediencia a la autoridad también termina <i>siendo no-responsable</i>: una coartada conveniente ofrecida a los muchos, demasiados don Abbondio con túnicas enhebradas o con <i>clérigos</i>, muy cuidadosos de no disgustar a nadie, de "evitar polarizaciones" -según la esperanza de León- para beneficiarse de los favores de los poderosos que se sabe que son injustos, pero a los que se rinde homenaje por cobardía o interés.</span></p><p><span><b><i>Conclusión</i></b></span></p><p><span>La Sagrada Escritura, los Padres, los místicos y la misma Virgen María en Fátima nos han puesto en guardia respecto a una apostasía que la Iglesia deberá afrontar en los últimos tiempos. ¿Cómo podemos pensar que esta apostasía se materializará, si no es a través <i>de falsos pastores </i>en lugar de buenos pastores, y mediante <i>pseudocristos </i>y <i>falsos profetas </i>en lugar de Cristo y los Profetas? ¿Cómo podrían <i>los elegidos</i> ser engañados por herejes y cismáticos (Mt 24, 24), si no es cuando ocupan posiciones de autoridad en la Iglesia? <i>Pero la Iglesia es indefectible</i>, repiten algunos con petulancia. Y realmente lo es: a pesar de que la gran mayoría de sus obispos se enfurecen contra ella y actúan de acuerdo con los enemigos de Cristo. La Iglesia Católica es indefectible en el sentido de que nunca puede fracasar en su misión de salvaguardar y transmitir la Verdad revelada por Dios, ni puede caer en un error definitivo en su Fe y en su Moral. Y esto, de hecho, no sucede ni siquiera cuando una Jerarquía herética y corrupta busca oscurecer o desfigurar el sagrado Depósito de la Fe<i>. </i>No olvidemos que la Iglesia no es sólo la que milita en esta tierra (<i>hic</i>) y hoy (<i>nunc</i>), sino que es también la que está penitente en el Purgatorio y triunfante en el Cielo. </span></p><p><span>Su estructura celestial es la garantía de esa indefectibilidad que su divino Fundador le prometió y que el Espíritu Santo le asegura. Y si la Iglesia conciliar-sinodal que hoy se presenta como militante contradice a la de ayer, rompiendo la continuidad y la unidad en la Profesión de la única Fe que la hace <i>una </i>y <i>apostólica</i> también en el fluir del tiempo y no sólo en su difusión en el espacio, ya no es la misma Iglesia. Por eso, el Señor no deja de suscitar una <i>vox clamantis en el desierto</i> que rompe el muro de silencio y complicidad de los conspiradores: me refiero a los "doctores del fin de los tiempos" mencionados por Augustin Lémann en su ensayo <i>El Anticristo</i>. Son los nuevos San Atanasio encarcelados, exiliados, perseguidos, pero finalmente recompensados por la Justicia divina con la proclamación de su santidad. Así es como el gran obispo de Alejandría y doctor de la Iglesia se dirigió a los fieles durante la gran herejía arriana : <i>¡Que Dios les consuele! </i><i> Lo que entristece </i><i> es el hecho de que otros han ocupado violentamente las iglesias, mientras que ustedes están afuera en este momento. Es un hecho que ellos tienen la sede, pero ustedes tienen la fe apostólica. Pueden ocupar nuestras iglesias, pero están fuera de la verdadera Fe. Ustedes permaneces fuera de los lugares de culto, pero la fe habita en ustedes. Veamos: ¿qué es más importante, el lugar o la Fe? La Fe verdadera, por supuesto. ¿Quién ha perdido y quién ha vencido en esta lucha, el que mantiene la sede o el que observa la Fe? Es cierto, los edificios son buenos cuando se predica en ellos la fe apostólica; son santos, si todo se lleva a cabo de manera santa... Ustedes son los que son felices, los que permanecen dentro de la Iglesia por vuestra Fe, que se mantienen firme en los fundamentos como les han llegado de la Tradición Apostólica, y si algún execrable celoso intenta sacudirla en varias ocasiones, no tiene éxito. Ellos son los que se han separado de ella en la crisis actual. Nadie prevalecerá jamás contra vuestra Fe, amados hermanos, y creemos que Dios algún día nos devolverá nuestras iglesias. Cuanto más los violentos intentan ocupar los lugares de culto, más se separan de la Iglesia. Afirman que representan a la Iglesia, pero en realidad son ellos los que a su vez son expulsados de ella y se extravían. Incluso si los católicos fieles a la Tradición se reducen a un puñado, son ellos los que son la verdadera Iglesia de Jesucristo</i>.</span></p><p><span>La acusación recurrente que tanto los conservadores como los miembros del Sínodo dirigen a quienes se mantienen firmes en la fe y denuncian sus errores es<i> que quieren crear una Iglesia propia</i>, separándose con el cisma de la Iglesia Católica, visible y jerárquica, de la que sin embargo se han apoderado con un verdadero golpe de <i>Estado</i> y en la que pretenden ejercer una Autoridad legítima para los fines opuestos a los que Nuestro Señor le ha confiado. ¿Pero no fueron acaso ellos, con sus errores condenados por todos los Papas preconciliares, los que crearon para sí mismos una Iglesia paralela que contradice el Magisterio inmutable y subvierte el Papado? ¿Cómo puede una autoridad rebelde contra Cristo, Cabeza del Cuerpo Místico, pretender ejercer la autoridad de Cristo para contradecir Su Palabra? ¿Cómo pueden aquéllos que se han separado de la comunión eclesial con la verdadera Iglesia Católica Apostólica Romana acusar de cisma a los que permanecen fieles a ella?</span></p><p><span>+ Carlo Maria Viganò, <i>Arzobispo</i></span></p><p style="text-align: right;">24 de octubre de MMXXV<em>S.cti Raphaëlis Archangeli</em></p> <hr /><h5></h5><h5>NOTE</h5><p><span>1 – El término <i>auctoritas </i>deriva de <i>auctor</i>, en el sentido de <i>autor </i>y <i>garante </i>refiriéndose a Dios.</span></p><p><span>2 – San Pío X recordaba que el éxito de los malvados es posible sobre todo gracias a la pereza de los buenos.</span></p><p><span>3 – La expresión<i> in fraudem legis</i> se refiere a un comportamiento o acto jurídico realizado con la intención de eludir una norma, eludiendo su finalidad o aplicación, aunque respetando formalmente su literalidad. Es decir, se trata de una acción que, <i>aun aparentando cumplir con la ley</i>, se lleva a cabo para obtener un resultado que la misma ley pretende prohibir o limitar. Las características de este comportamiento son la <i>conformidad formal</i>, la <i>intención elusiva</i> y el <i>efecto contrario a la mente del legislador.</i></span></p><p><span>4 – La <i>mens rea </i>designa el componente psicológico del delito, es decir, la intención o la conciencia de violar la ley.</span></p><p><span>5 – Escribe Hoffman: "<i>El principio alquímico de la Revelación del Método tiene como componente principal una burla burlona de las víctimas, similar a la de un payaso, como demostración de poder y arrogancia macabra. Cuando se realiza de manera velada, acompañada de ciertos signos ocultos y palabras simbólicas, y no suscita ninguna respuesta significativa de oposición o resistencia de los destinatarios, es una de las técnicas más eficaces de guerra psicológica y violencia mental</i>". Véase Michael A. Hoffman II, <i>Sociedades secretas y guerra psicológica</i>, 2001.</span></p><p><span>6 – Bartolo Longo escribió: <i>Frente a Dios el hombre no tiene verdadera libertad de conciencia, libertad de culto y libertad de pensamiento, como entendemos hoy, es decir, la facultad de elegir una religión y un culto según los entiende; sino solo la libertad de los hijos de Dios, como dice San Pablo, es decir, la de dejar el error y las seducciones del mundo para correr libremente al Cielo. Afirmar, por lo tanto, que el hombre tiene el derecho ante Dios de pensar y creer en la religión como le plazca, es un error</i>. Cf. Bartolo Longo, <i>San Domenico e l’Inquisizione al Tribunale della Ragione e della Storia</i>, Valle de Pompeya, Escuela Editorial Bartolo Longo, 1888.</span></p><p><span>7 – El <i>gaslighting</i> es una forma de manipulación psicológica en la que una persona (o un grupo) hace dudar a otra de su percepción de la realidad, de la memoria o de la cordura, con el objetivo de controlar, debilitar o desestabilizar a la víctima.</span></p><p><span>8 - No puede haber verdadera obediencia si aquéllos que están constituidos en autoridad en la Jerarquía exigen ser obedecidos, pero al mismo tiempo desobedecen a Dios, quien es el garante y la fuente misma de la Autoridad. Tampoco puede haber autoridad legítima si los que la ejercen en nombre de Dios no se someten a su vez a su Autoridad suprema.</span></p><p><span>9 – Augustin Lémann, <i>L’Anticristo</i>, Marietti, 1919, p. 53. "<i>El segundo campeón de la verdad cristiana contra el Anticristo será una falange de Doctores suscitados por Dios en esos tiempos de prueba. Esta falange de Doctores recibirá, para la defensa y el consuelo de los buenos, una mayor comprensión de nuestras Sagradas Escrituras</i>". Cfr. <a href="https://www.rassegnastampa-totustuus.it/cattolica/wp-content/uploads/2014/07/LANTICRISTO-A-Lemann.pdf"><span>https://www.rassegnastampa-totustuus.it/cattolica/wp-content/uploads/2014/07/LANTICRISTO-A-Lemann.pdf</span></a>. El canónigo Augustin Lémann, un judío francés, se convirtió al catolicismo junto con su hermano Joseph. Habiéndose hecho amigos de Pío IX, ambos fueron consultores del Concilio Vaticano I.</span></p><p><span>10 – San Atanasio, <i>Epistolæ festales</i>, Carta XXIX, en <i>Coll. Selecta SS. Eccl. Patrum</i>, editado por Caillaud y Guillon, vol. 32, págs. 411-412.</span></p>
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