La oposición de Su Majestad
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- Mar 04, 2026
La intervención de Müller
El 21 de febrero, en el sitio web Kath.Net, el cardenal Gerhard Ludwig Müller comentó la decisión de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X de proceder con las consagraciones episcopales sin mandato pontificio, después que el prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe reiteró al Superior General, el padre Davide Pagliarani, el veto de la Santa Sede sobre la concesión del mandato y la negativa a revisar los textos del Concilio Vaticano II que el la Fraternidad considera correctamente heterodoxos. En su exposición, titulada Die Piusbruderschaft und ihre Einheit mit der Kirche , el cardenal alemán considera que proceder sin un mandato pontificio constituye una “herida objetiva a la unidad visible de la Iglesia“: no una mera desobediencia administrativa, sino un acto que socava la autoridad papal en sus cimientos. Enfatiza que “ningún obispo puede consagrar contra el sucesor de Pedro”. Müller insiste en el reconocimiento de la autoridad papal no solo en teoría, sino también en la práctica, sin condiciones, afirmando que la FSSPX debe someterse al magisterio de la Iglesia para ejercer una influencia positiva en la historia eclesial.El ex prefecto del ex Santo Oficio intervino de la siguiente manera:“La única solución posible en conciencia ante Dios consiste en el hecho de que la Fraternidad de San Pío X, con sus obispos, sacerdotes y laicos, reconozca no solamente en teoría, sino también en la práctica, a nuestro Santo Padre el papa León XIV como Papa legítimo y se someta sin precondiciones a su autoridad doctrinal y a su primacía de jurisdicción. Entonces también será posible encontrar una solución justa para su status canónico, por ejemplo, dotando a su Prelado de una jurisdicción ordinaria para la Fraternidad, que esté subordinada directamente al Papa (quizá sin la mediación de un dicasterio de la Curia)“.
La intervención de Sarah
Al día siguiente, 22 de febrero, en un artículo en Le Journal du Dimanche , el cardenal Robert Sarah reiteró el llamamiento a la unidad dentro de la Iglesia, expresando profunda preocupación por el posible cisma que podría fracturar la unidad de la Iglesia, subrayando que la verdadera comunión eclesial debe estar basada en la obediencia al Papa y en la adhesión al Magisterio. Sus palabras no dan lugar a malentendidos:“Por ello, quiero expresar mi profunda preocupación y mi profunda tristeza al enterarme del anuncio de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, fundada por el arzobispo Lefebvre, de proceder con las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. Se nos dice que esta decisión de desobedecer la ley de la Iglesia estaría motivada por la ley suprema de la salvación de las almas: suprema lex, salus animarum. Pero la salvación es Cristo, y sólo se da en la Iglesia. ¿Cómo se puede pretender guiar a las almas a la salvación por otros caminos distintos a los que Él mismo nos ha indicado? ¿Es querer la salvación de las almas desgarrar el Cuerpo Místico de Cristo de una manera quizás irreversible? ¿Cuántas almas corren el riesgo de perderse a causa de esta nueva laceración? , que parece no querer pronunciarse sobre las consagraciones anunciadas, ya se había expresado en 2017 sobre el estado de cisma en el que, en su opinión, se encuentra la Fraternidad de San Pío X desde 1988 :
“A pesar de los diversos argumentos relacionados con la cuestión, el hecho es que la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X está en cisma desde que el difunto arzobispo Marcel Lefebvre ordenó a cuatro obispos sin el mandato del Romano Pontífice. Y por lo tanto, no es lícito asistir a Misa ni recibir los sacramentos en una iglesia que esté bajo la dirección de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X. Dicho esto, para nosotros en este asunto, parte de este tipo de confusión en la Iglesia también ha ocurrido porque el Santo Padre Francisco ha dado a los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X la facultad de celebrar válidamente matrimonios, legal y válidamente. Pero para esto no hay una explicación canónica, simplemente se trata de una anomalía“.
Una oposición controlada
Las intervenciones de los cardenales Müller, Sarah y Burke pueden considerarse un ejemplo paradigmático de “la oposición a Su Majestad” dentro del contexto eclesial católico, tomando el concepto del sistema parlamentario británico, donde la oposición critica las políticas del gobierno en funciones, pero manteniendo la lealtad absoluta a la Corona y a sus instituciones. Esta oposición mostró su absoluta inutilidad con los Dubia debido a los errores de Amoris Laetitia, que fueron totalmente ignorados por Bergoglio, quien no dejó de ridiculizar y humillar a los cardenales firmantes.Los miembros de la “tríada conservadora” están unidos por algunos elementos que demuestran su absoluta incoherencia respecto a los principios que se esperaría que defiendan. Los tres aceptan sine glossa los actos del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar. Los tres celebran el Vetus Ordo y el Novus Ordo con indiferencia, considerando legítimos a ambos y relegando las cuestiones litúrgicas a meros aspectos de sensibilidad personal. Los tres, aunque le critican, se adaptan al camino sinodal “por obediencia al Papa” y Müller participó activamente en las reuniones del Sínodo sobre la Sinodalidad tanto en 2023 como en 2024, como miembro con derecho a voto designado directamente por Bergoglio. Los tres reconocen la colegialidad episcopal, el ecumenismo, la libertad religiosa, la Declaración de Abu Dhabi y, en general, todos los actos —incluso los más controvertidos— emanados de los dicasterios romanos. Los tres criticaron Fiducia Supplicans sin exigir su revocación. Los tres expresaron su decepción luego de Taditionis Custodes, pero no se comprometieron a impedir su aplicación. Los tres no han dedicado ni una sola palabra de apoyo hacia mí, ni antes ni después de la farsa de los procedimientos canónicos que llevaron a mi “excomunión” por cisma. En resumen, los tres son convencidos ratzingerianos y partidarios de esa variante eclesial del proceso dialéctico hegeliano, según la cual sería posible hacer coexistir la tesis de la ortodoxia católica y la antítesis de la herejía modernista en la síntesis conciliar. Finalmente, los tres reconocen a Víctor Manuel Fernández como legítimo prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, a pesar de su actividad “literaria” como pornógrafo y hereje; tampoco parece que solicitaran su dimisión tras el escándalo de Bésame con tu boca y La pasión mística.Las contradicciones de los tres Cardenales
En resumen, no parece que los cardenales de la “tríada conservadora” —Müller, Sarah y Burke— puedan aspirar al rol de defensores de la ortodoxia católica, siendo ellos mismos partidarios convencidos del Concilio Vaticano II, de sus desviaciones y de su liturgia favens hæresim. Si alguna vez se han arrepentido, no consta que hayan retractado públicamente sus errores, sino que simplemente intentan reconciliar tesis opuestas e irreconciliables por el bien de una vida pura y tranquila o en nombre de una pseudo unidad de la Iglesia que prescinde de la profesión ininterrumpida de la mismísima Fe, sino que oculta las divergencias evidentes para no tener que extraer las consecuencias necesarias de su evidencia. Sus afirmaciones de que no existe ruptura entre el pre y el postconcilio son meras peticiones de principio sin fundamento alguno y que contradicen la realidad de una crisis devastadora, pero que, sin embargo, resultan coherentes con la hermenéutica de la continuidad de Benedicto XVI, influida por la formación hegeliana del teólogo alemán.También debe señalarse que estos Cardenales olvidan —o más bien fingen olvidar— que si hoy Sus Eminencias pueden pontificar solemnemente en el rito antiguo, es solamente gracias a la obra del Venerable Arzobispo Marcel Lefebvre, a quien sin embargo consideran un “rebelde”, a quien atribuyen la responsabilidad del “cisma” de 1988. Y sin embargo, sin las consagraciones de Ecône, Juan Pablo II nunca habría emitido el Motu Proprio Ecclesia Dei adflicta que debería haber reincorporado al círculo a los clérigos de la Fraternidad de San Pío X, algunos de los cuales se habían fusionado en sociedades de vida apostólica reconocidas por la Santa Sede, entre ellas el Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote, del cual el cardenal americano es patrón y protector. Tampoco jamás Benedicto XVI habría promulgado en 2007 el Motu Proprio Summorum Pontificum, con el que se liberalizó la celebración de la Liturgia Tridentina y que, al no aplicarse completamente, fue posteriormente sustancialmente anulado en 2021 con la Traditionis Custodes.Müller, Sarah y Burke constituyen una oposición controlada a todos los efectos. Su rol es contener la hemorragia de católicos causada por la revolución conciliar, engañándolos pensando que es posible hacer coexistir dos entidades opuestas en la misma institución y bajo la misma jerarquía: la Iglesia católica y la iglesia conciliar-sinodal. El propio Burke lo reconoce:“Sé que tanto en Lacrosse como en St. Louis, donde había apostolados del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote para quienes deseaban los ritos de la Iglesia según el uso antiguo, muchas personas que frecuentaban la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X se reconciliaron y han regresado a la Iglesia. Y yo digo que si simplemente vamos libremente a esas Misas que se celebran, ¿qué estímulo tienen para reconciliarse con la Iglesia?».
La principal preocupación de esta “oposición a Su Majestad” parece reducirse a ofrecer un producto similar al solicitado por los clientes, con el único propósito de eliminar la competencia de la FSSPX para obligar a los compradores a aceptar con ese producto falsificado también el veneno que oculta. No olvidemos que las comunidades ex-Ecclesia Dei concilian las celebraciones tridentinas con una predicación que silencia cualquier crítica no sólo del Concilio y de la reforma litúrgica, sino también de los “pontificados” de Bergoglio y Prevost. Se pide a los clérigos de estos institutos que participen en las funciones del Ordinario local —por ejemplo, para la concelebración de la Misa Crismal del Jueves Santo— y que se requiera lo mismo a sus fieles, como ocurre con la concesión de las Confirmaciones, administradas según el nuevo rito montiniano. Por ejemplo, no se ha escuchado ninguna crítica ni de los tres Cardenales ni de los sacerdotes que se refieren a ellos respecto a la escandalosa Nota Doctrinal Mater populi fidelis, que declara “siempre inapropiado” el uso de los títulos marianos de Mediatrix y Corredentora. Por lo tanto, resulta difícil creer que tal “oposición” pueda siquiera hipotetizar para reemplazar el rol mucho más valioso de la Fraternidad de San Pío X, que no se agota en los aspectos coreográficos de la Liturgia.Reitero aquí también, como ya he hecho antes, que esta actitud acaba desdogmatizando la Liturgia y desliturgizando la doctrina, desestabilizando el fundamento que une indisolublemente la lex orandi con la lex credendi.El error fundamental
Las apelaciones a la unidad por parte de Müller, Sarah y Burke sufren un error fundamental, que invalida in radice todas sus apelaciones. Probablemente reconocen la crisis actual, las desviaciones doctrinales, morales y litúrgicas de la Iglesia sinodal, pero no quieren ver en ellas un efecto lógico y necesario del Concilio Vaticano II, que persisten en juzgar, contra toda evidencia, como completamente ortodoxo y coherente con el perenne Magisterio Católico. La razón de este error es que no pueden negarse a sí mismos ni a sus mentores —Ratzinger en primer lugar— como protagonistas o partidarios del Concilio Vaticano II, y por esta razón deben necesariamente encontrar un compromiso que no beneficie la unidad de la Iglesia, sino que narcotice cualquier disidencia en nombre de una falsa obediencia que no tiene nada de católica. La obediencia a la Jerarquía se vuelve de hecho engañosa cuando se desvía de la Verdad del Dogma y de la Tradición. La unidad no es principalmente institucional sino doctrinal, arraigada en el depósito inmutable de la Fe. Es la disciplina de la Iglesia la que se ordena para la preservación y transmisión del Depositum Fidei, y no viceversa.Los patéticos esfuerzos de estos Cardenales representan el intento del conservadurismo moderado de tender puentes entre las divisiones —que reconocen, pero cuyas causas niegan— mediante un diálogo imposible. Y el padre Davide Pagliarani hizo bien en recordar cómo las reuniones de años anteriores no han llevado a nada, precisamente por la insanable divergencia en cuestiones doctrinales que no pueden ser objeto de ninguna negociación, ni de acuerdos descendentes – los “requisitos mínimos” exigidos por Tucho Fernández que comprometen la integridad de la Profesión de la Fe Católica.Cabe añadir que lo que la Santa Sede pide a la Fraternidad de San Pío X sobre el Concilio Vaticano II y el Novus Ordo no se aplica a los verdaderos herejes, cismáticos y a-católicos, a quienes León en un reciente discurso dirigió palabras extremadamente conciliadoras: “¡Somos uno! ¡Ya lo somos! ¡Reconozcámoslo, experimentémoslo, manifestémoslo!”. Así, nos enteramos que la Iglesia conciliar y sinodal se considera en comunión con ortodoxos, protestantes y anglicanos de todas las denominaciones, pero no con quienes rechazan el Vaticano II. El ecumenismo y el diálogo se muestran una vez más funcionales a la demolición de la Iglesia Católica, y esto no parece constituir un problema para los defensores del conservadurismo moderado.Conclusión
Las intervenciones de los tres cardenales, aunque presentadas como llamamientos a la unidad, revelan profundas lagunas y contradicciones internas, que no pueden ser ignoradas por quienes tienen en el corazón la preservación integral del Depositum Fidei. Me parece que ahora es más que evidente que esta pseudo oposición no sólo no tiene ninguna posibilidad de lograr algo, sino que es funcional para el logro de la revolución conciliar a través del último y desafortunado paso del “camino sinodal”. “Prevost no es más que un Bergoglio con un sastre mejor”, comentó alguien. Si la oposición a Su Majestad no quiere tomar nota de esto, deberían hacerlo al menos los fieles y los sacerdotes, intentando formar un frente común con la Fraternidad de San Pío X y con las demás comunidades verdaderamente tradicionales. Es cierto que la Fraternidad sigue reconociendo la legitimidad de Prevost, aunque desobedece sus órdenes ilegítimas; pero es igualmente cierto que la fragmentación de los católicos fieles a la Tradición no hace más que debilitar toda forma de resistencia. Sería entonces oportuno dejar de lado las divisiones internas —que podrán aclararse a su debido tiempo— en nombre de la propia supervivencia de la Iglesia Católica frente la inminente persecución.Como obispo y sucesor de los apóstoles, exhorto a mis hermanos en el episcopado —empezando por los cardenales Müller, Sarah y Burke— a los sacerdotes, religiosos y fieles, a dar una clara señal de unidad, apoyando la batalla de la Fraternidad de San Pío X con signos concretos, por ejemplo participando en la ceremonia de las consagraciones el próximo 1 de julio, para que los usurpadores que ocupan Roma se den cuenta de que sus amenazas y excomuniones ya no asustan a nadie. Si va a ser una batalla, que nos encuentre bajo la bandera desplegada de Cristo Rey. Y que Nuestra Señora, Reina de las Victorias y Mediadora de todas las Gracias –a quien los herejes de la Iglesia sinodal pretenden arrebatar los títulos que adornan su corona de gloria como gemas preciosas– nos conceda dejar a un lado las disputas contingentes, en nombre de la gloria de Dios, del honor de la Santa Madre Iglesia, de la salvación de las almas redimidas por la Preciosísima Sangre de Cristo. + Carlo Maria Viganò, Arzobispo1 de marzo de 2026Dominica II Quadragesimæ
© Traducción al español por José Arturo Quarracino

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